El cromo (dicromato potásico) y el níquel (sulfato de níquel) se encuentran presentes en gran cantidad de productos de uso cotidiano, sobre todo en el calzado. Hebillas, adornos, materiales plásticos o pigmentos del tinte de las pieles son los responsables de alergias y patologías cutáneas.

Pies sin alergias

La patología más común derivada de la exposición al níquel y cromo es la dermatitis tópica, caracterizada por la aparición de eczemas e inflamación de la piel. Las altas temperaturas, el sudor y la humedad hacen que la sustancia química penetre más fácil en la piel, lo que explica que en el mayor número de casos se produce en ambientes cálidos.

Tras la aparición del eczema o inflamación se debe acudir a un dermatólogo o alergólo para realizarse las pruebas oportunas para confirmar el diagnóstico. Sin embargo, el mejor tratamiento es la prevención pasa necesariamente por la suspensión de la sustancia causante.  Aunque en ocasiones es difícil de evitar el contacto con el cromo y el níquel, pero se puede minimizar.

Los zapatos fabricados con curtición vegetal son la mejor opción, ya que está fabricados con pieles curtidas con extractos vegetales y tintes naturales, asegurando la eliminación absoluta de cualquier metal pesado.

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